El oráculo de la patata

Edgardo Salas Santana

Precio (IVA inc.): 5€

  • ISBN:9788416966462
  • Tamaño:3539 kb
  • Formato:PDF
  • Encuad.:Digital
  • Idioma:Castellano
  • Año pub.:2017

Sinopsis

El país, Guyimará; la capital, San Diego de Altagracia; las provincias Tacarama y Póntigo Cobimbano; las ciudades de Alhajuela y Puerto del Manglar y el poblado de Guacarambó vienen de mí. Con la única excepción del milagro de las anchas hojas verdes, todos los hechos que aparecen en esta novela pueden ocurrir o ya han ocurrido, por desgracia, más de alguna vez en la vida real de mi patria grande, la América morena, y los humanos no hemos conseguido inventarnos una vacuna que evite que vuelvan a producirse en el futuro de cualquiera de nuestros países. Odio decir que ha habido cosas que ocurrieron, que pasaron, que sucedieron; me carga hablar y oír hablar de lo terrible que fue, cuando pasó lo que pasó; de los hechos que se produjeron, de lo que aconteció..., porque ningún golpe de estado, ninguna guerra pasa ni pasó, ni sucede ni sucedió, ni ocurre ni se produjo: los hace el hombre. Y cuando miles de personas abandonan sus países en avalancha, lo hacen porque alguien ―singular o plural― pretextando darle contundente lección a algún tirano, en su país o en el de al lado, o bien queriendo imponerles su modo de vida y sus valores morales que considera superiores, los está echando de sus países, les está bombardeando las casas, les está haciendo irrespirable el aire, los está matando, los está obligando a huir. El Oráculo de la Patata es una novela latinoamericana y nada más. No tiene pretensión ni ganas de ser un arreglo de cuentas con la historia que, abstracta como es, no se defiende cuando le retuercen la nariz. Tan sueltos de cuerpo como les permite la cantidad de poder que llegan a detentar, los hombres que en determinado momento lo ejercen, fabrican la historia según su apetencia y su temperamento: con su modestia y su soberbia, sus buenas y malas intenciones, sus altruismos y mezquindades, su desprendimiento y su envidia, su templanza y su insolencia, su bondad interior y su mala leche, con su insensibilidad ante el dolor de los demás y con ese amor al prójimo que nos predicó, inútilmente, el carpintero de Nazareth cuando se volvió loco.